Sentir de nuevo es sacudir el alma, desempolvar las ansias, los anhelos, surgir del fondo del abismo antiguo, desechando lutos, desvaríos y asomarse a las pasiones, a la esperanza con un delirio mas y con un silencio menos.
Para enfilar los pasos a la lumbre, a la aurora, rompiendo sustos, telarañas, mimetismos del entorno, para arrancar rutinas, conformismos, adaptaciones a un clima, a una acomodación, a una resignación que dejó sus huellas, sus crespones en la nada.
Sentir de nuevo es agitar las alas, descubrir un código, un edicto de sol en otros ojos, por encima de los muros, más allá de la cenizas que impedían redenciones, osadías, licencias para un prodigio y pasaporte para un beso.
Sentir de nuevo es tener salvoconducto al horizonte, carta blanca para un sueño, emotividad para un deseo, es rescatar la fe de lo superfluo, el ardor de la ceniza, de la asonancia, para un afán sin límites al grito, a la apetencia amplia, radical, sin fatigas, sin condiciones establecidas para un suspiro, para una redención de los antojos, sin rincones, sin fronteras, para una realidad distinta, exonerada de abyecciones, inmune a los criterios, a esas cosas de la gente, de los escépticos que no aceptan la eclosión ni los milagros.
Sentir de nuevo es caminar sin lastres, reinventar un nido, una caricia, pero sobre todo sentir de nuevo es borrar las cicatrices, los pretéritos tormentos y comenzar un rumbo diferente, con una ilusión de altura, con una oración al cielo, con un corazón sin sombras.
Ernesto Cárdenas.