Me es difícil imaginar la vida sin ti, el camino sin ti, la poesía sin ti por lo dentro que estás de mi borrasca, de este espanto del tiempo sin tenerte, como un equilibrio, una estructura, indispensable para discernir, para un razonamiento, para confirmar, que soy o que simplemente existo.
Y esta realidad explica porque mi mundo es proporcional con tu sonrisa y hasta porque mis facultades se parcializan, se empeñan en pensarte siempre.
Me es difícil, (casi inconcebible) soslayarte de mi sueño, anular tu amenidad en mis auroras, interrumpir la necesidad de la costumbre, de este deseo por tu beso que trasciende hasta el obseso.
Porque todo converge a tu cariño, se manifiesta, le da contorno a los recuerdos frente a tu boca, frente a esta inquietud que se altera en mi lenguaje, que se escapa del ritmo cotidiano para amar, más allá de la definición y del prodigio o de ese instante en que la magia suele aparecer para estrenar un amanecer o para sacudir un alma.
Me es difícil negar esta evidencia, este constante alucinar sobre tus cosas, intentando en vano borrar los signos de mis astros, la cábala de mi destino que justifica, testimonia el sentido de mis versos, la sombra abismal de mi tragedia si no te tengo, si me falta esa alquimia elemental de la esperanza y esa fijación por ver cumplida, en la exactitud y en su culminación soberbia la magnitud de este delirio, que es una premonición, una determinación y naturalmente una profecía.
Ernesto Cárdenas.